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Programando hijos de Éxito

Te has preguntado alguna vez porqué por más que intentas inculcar un hábito o una idea en tu hijo no logras lo que deseas.  Parecería que estuvieras contra corriente obteniendo los resultados contrarios a los que quieres. Entonces, muchas veces recurres a alguna ayuda profesional, cuando sientes que la situación se ha salido de control. Llevamos entonces a nuestro hijo con un especialista en conducta, deseando que tenga la fórmula mágica para cambiar esas actitudes que no deseamos.  Resulta que nuestros hijos sólo son el reflejo de la programación que nosotros estamos haciendo de ellos. De ahí que si dejamos de hacer lo que hasta hoy hemos hecho sin éxito, podremos obtener resultados diferentes.

Y cómo logramos esto. Es tan sencillo como revisar el tipo de comunicación que estamos manejando al dirigirnos a ellos. Si eres de los que para corregirlos utilizas expresiones como: “¡Pórtale bien en la escuela! “ No vayas a pelear”,  “no dejes tirado los juguetes”, “No pelees con tu hermano”… sabrás que sutilmente estás programando a tu hijo para hacer justamente lo que no quieres.

Debemos entender algunas cosas sobre el funcionamiento de nuestro cerebro. Este tiene algunas condiciones con las cuales funciona: Es literal, no entiende de bromas, no cuestiona y obedece a las órdenes que le brindamos. El cerebro además tiende a suprimir el NO, por ser una palabra pequeña, entendiendo con ello, el mensaje en general. De tal manera que si alguien te dice: No pienses en una rica carne asada, jugosa, con un delicioso aroma, el cerebro inmediatamente traerá la imagen visual de ello, generando junto a la imagen la reacción en el cuerpo por el deseo de la misma.  Toda creación empieza conun pensamiento, el pensamiento genera una imagen, la imagen una emoción/sensación, y luego una reacción/conducta. Si al dejar a tu hijo en la escuela le dices: No pelees. Inmediatamente el cerebro del niño creará la imagen que programará a ese niño a comportarse mal. Así que aunque usted tenga la mejor intención de que ese niño se porte bien, estará generando las condiciones perfectas para el mal comportamiento.  Por otro lado continuando con el funcionamiento de nuestro cerebro. Las expectativas que tengamos del otro será la creación de lo que manifestemos. El cerebro al ser literal y no entender de bromas se programará justo con lo que le digamos. Así que si decimos “que niño tan grosero eres” “eres muy desobediente” “eres muy flojo” “siempre eres desordenado” “nunca haces caso”, etc. Estamos programando al niño a seguir actuando así. Por el contrario si decimos “me siento muy orgulloso de ti” “me doy cuenta del esfuerzo que hiciste” “me encanta como te llevas con tu hermano” “eres un niño muy dedicado”, etc. Dichas expectativas se convierten en poderosos decretos que generarán cambios de comportamiento en los niños.

Como podemos observar todo esto se resume en COMUNICACIÓN. Una adecuada comunicación generará resultados positivos, traducidos en niños con gran confianza y autoestima en sí mismos. Sin embargo, hasta aquí sólo nos quedamos en una mínima parte de la comunicación.  La relacionada a la palabra. Pero esta sólo implica el 7% del impacto en lo que deseamos obtener al dar un mensaje. Aún nos queda el 38% que implica el tono de voz que empleamos al comunicarnos y el 55% que implica nuestro lenguaje corporal. Es decir la congruencia entre lo que decimos y cómo lo decimos es la clave para que el mensaje sea asimilado correctamente. Puedo tener toda la razón de estar molesto por algún comportamiento inadecuado de mi hijo, sin embargo si al expresarle mi molestia pierdo el control, empiezo a gritar y mi rostro se distorsiona, entonces el niño ya no se concentra en el mensaje en sí y en cómo hacerse responsable de las consecuencias de sus acciones.  La atención entonces se enfoca en el miedo, la angustia, los sentimientos de culpa, etc.  De ahí que para lograr que mi hijo se vuelva un niño proactivo, responsable, inteligente emocionalmente, es necesario combinar un adecuado mensaje, con la entonación y el lenguaje corporal adecuado que sea para el niño un modelo a seguir en la resolución de problemas y toma de decisiones adecuadas.

Tomar conciencia de nuestra forma de comunicarnos es una tarea diaria, al inicio complicado, pero a medida que se vuelve un hábito, los resultados son verdaderamente reconfortantes. Vale la pena intentar algo diferente cuando sentimos que lo que hacemos con constancia y esperanza no nos da los resultados que deseamos. Intentemos algo diferente….

Maestra en Psicologia

Norma Leticia Oropeza